© 2016 Juana Ramírez

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                                Eco del parque: Lo que tuvimos y perdimos nos define tanto como lo que soñamos.

 

Entre los restos de lo que fue se alza finito y firme el tallo de una voz de mujer, que intenta  diseñar un espacio habitable a partir del lenguaje. Un parque propio para  Romina Freschi, una celda que encierra y libera a la vez, para Juana Ramírez, Sor Juana.

Si el Primero sueño puede  pensarse como una defensa del  potencial intelectual del ser humano, Eco del parque  le da una vuelta interesante al tema, cuestionando la capacidad del pensamiento para aprehender el sentido de la vida: “pero no alcanza lo que trae el pensamiento y al final, solo nos trae el pensamiento”. Casi una épica del desconocer.

Este libro nos habla de  la precariedad de armar lo habitable con los restos de lo roto, la fuerza que nos faltó, el amor que no  basta para resguardar lo querido del final: “dónde reside la fuerza y por qué/optamos por perderla/a pesar del largo y dedicado/ amor.”

 

Eco del parque es el sonido, la reverberación de esa  lucha ininterrumpida  por habitar la vida en su profundo misterio y hostilidad: “soportamos la vida/pulso ciego/error propio/queda sin respuesta ni castigo”

Después de la perdida de nuestros paraísos ocasionales suele hacerse evidente  lo que no vimos, lo que no hicimos, lo que no entendimos. Comienza la tortura “el continuo merodear /por los asuntos/ya hechos, sin remedio”;  el pesado candil del pensamiento corriendo tras el espejismo de la comprensión. Pero no hay respuesta, no hay reparación posible, nos dice Freschi,  todo es  camino, pista, todo es ir.

 

Quedamos desnudos, vulnerables  frente a  ese temporal  que arrasa con todo y nos deja  testigos del vacío,  “ese hueco sin adentro/que traduce/todo lo que consiga”. Pozo que vamos llenando  de verde, de musgo, de palabras,  y que puede pensarse como una de las condiciones de existencia del barroco , que no es solo una forma de escribir o de hacer arte , también y fundamentalmente es una forma de pensar el mundo . Citando a Blas Matamoro: “El espacio barroco es proliferante e intenta cubrirlo todo con cualquier orden de cosas, con una heterogeneidad de objetos que señalan el vacío de fondo, el reverso de la plenitud. El exceso, también por paradoja, intenta disimular una falta incolmable, una ausencia sin reparo.” O  como dice  Freschi: “No hay recuerdo/que traiga a nosotros/ la presencia”.

 

 “Abrasa y arroja, la vida/ la real tirana”  y es justo en  esa ambivalencia, en esa tensión  entre el  calor del abrazo y la expulsión donde puede situarse  este nuevo libro de Romina.

En la lógica propuesta por  Eco del parque, cada sueño recibe su  escarmiento, en cada milagro aguarda una “semiótica  troyana “a develar. Aún en la plenitud del éxtasis, asoma  la cavidad, el hueco, lo que falta.

Este libro puede pensarse entonces como un gran oxímoron, que despliega  en sus figuras  la ilógica de una existencia en la que todas las cosas cargan  en su interior un opuesto: “el fin es el comienzo/la muerte da paso a la vida”. Dentro de la  vitalidad crece la decadencia, el árbol arroja sus frutos a la tierra, los gorriones asesinados  abonan el crecimiento de las plantas,  la muerte “sostiene /el fuerte /que desmorona”; bajo esa “pregunta y amenaza de zozobra/que acecha todos los días” cada cosa que hacemos vivir con su rosada novedad aloja ya el eco de su finitud.

 

El parque

 

Pero si el tiempo todo lo mata,  el tiempo todo lo cura. En el estruendo de su transcurrir, cada final será  el motor que nos impulsa hacia adelante .Dice Freschi “todo proviene del temporal/crisis de las condiciones pactadas/ destructor más creador/de los mundos”.

 

El  parque será entonces, el  artificio de mínima belleza que generamos  para  hacer soportable la vida. Pulmón construido en sueño y vigilia a puro pensamiento y deseo, escritura y lucha encarnizada : del aire a la tierra como fruto  estrellado , como rama de sauce, como ave entre macetas ; nuestro ser  se debate filosófico entre su doble origen: la elevación y el polvo :

“Habitar así de continuo los terrenos imperfectos, parquizarlos/de continuo generar la pátina /que haga posible una vida/allí/de continuo la vida/es sostener esa pátina/y allí/donde fallamos/morir, ver morir”

 

Diseño del parque por sobre el desierto, lo toxico, sobre el plástico, sobre la mierda urbana. Variaciones posibles de lo que crece, el musgo, los árboles, la pátina de la creación embelleciendo y suavizando el tránsito, aun sin comprenderlo en su totalidad.  Pero perder la fe, gastarla; también puede funcionar como una forma de conocimiento.

 

La planificación de un parque, a diferencia del jardín, involucra especies animales. En el poema, un  ave a ras de tierra  extiende las posibilidades del amor, genera extrañamiento  en la mirada cotidiana  y agudiza las capacidades de vuelo. Una  mujer y un pájaro con nombre de monja, encontrándose en la indistinción liberadora, de ciertas  prácticas.

 

El Eco

 

Al igual que el Primero sueño, Eco del parque  es una silva que  se inicia con tono impersonal  y avanza  encadenando los motivos, es decir retoma el último tema y  lo expande. La poética  del libro se nos revela entonces en toda su plenitud; Freschi parece decirnos: así como la vida avanza en base a lo que llega luego de cada final; cada nuevo  poema emerge del  cierre del poema anterior y “sigue simultáneo, resonando”.

 

El eco, es entonces una constante calculada en múltiples registros: “sus cuentas /unas tras otras /en la sucesión/la combinación”, irán  articulando  renovados y juguetones  los  tópicos más queridos de la poesía barroca y sorjuanesca: la tierra y el aire, el alma y el cuerpo, la civilización y la naturaleza, la vida y la muerte, los cuatro elementos, los cinco sentidos, los reinos en que se organiza la vida, el vacío, el conocimiento, el amor.

 

Una textura compleja  donde el oficio se luce  en un intrincado  juego de referencias , candiles que se van encendiendo al tocarlos y reenvían al mismo texto que se transforma  , construyendo una  particular dialéctica de ascensos y descensos que en el Primero sueño daba el  tono de travesía espiritual y en  Eco del Parque pone en movimiento las vicisitudes de la vida terrenal , implicándose  una a la otra como las dos caras de una moneda.

 

Ahí radica justamente la profundidad de la poética de Freschi; en esa madurez creadora, donde pensar a través de la escritura,  ya se ha hecho una constante.

 

Eco del parque nos invita a  transitar  a través de la propia  palabra diseminada, más allá de  los errores, los pasos en falso, la belleza y el dolor del recorrido; atreverse a soñar el propio parque, cerrar los ojos y escuchar las voces, reponer la frase, armar una familia, renacer  tras cada deseo que se rompe y escribir nuestro vacío: ese  que nunca se llena y que nos enseña en su horadar constante a proteger la parte de nosotros que vuela:

 ”Un vacío que habita/ que humedece/lo necesario/ la piedra”

                                                                                                                               Celeste Diéguez

                                                                                                                                   Agosto 2016