© 2016 Juana Ramírez

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SESIÓN CLAROSCURA DE ESPIRITISMO

 

Durante demasiado tiempo se nos machacó cerebradamente con tantas alternativas infernales, que ya no sabemos dónde estamos parados. Se nos espetó, por ejemplo, que sólo hay dos modos de existir: “o somos algo, o parecemos algo (es decir que no lo somos realmente)”. Nada de territorios o animales híbridos, o mejor: intermediales, interzonales, que esquiven todo ser o parecer,  ningún claroscuro, sobre todo ningún claroscuro.

Otra alternativa, aunque triádica, esta vez referida a la temporalidad, reza: “el pasado, el presente o el futuro (tradición, actualidad o vanguardia)”. Eso que Serres llamaba el patético “apego al calendario: antes o después de…”. Pero –por favor, dios nos guarde– nada de “antedespués”, nada de futuro anterior, ni de latido trans-histórico, sobre todo nada de espiritismo intempestivo, de invocar espectros (o alientos) del pasado y del futuro, ni de traerlos al presente para transmutarlo en otra cosa que presente, en otra cosa que actualidad (fertilizar un nicho, vivificar lo muerto, transformarlo por vía del roce, por gracia del soplo).

Pero sucede que Juana Ramírez insiste en ese claroscuro y en ese espiritismo intempestivo. Porque aunque hablemos del Barroco, o de su gesto inaugural en tierras latinoamericanas por medio de la voz de la tremendísima Juana Ramírez, o de esto que “es o parece” una editorial o un gabinete audiovisual o una “comunidad cooperativa gánica” o lo que fuera (Juana Ramírez -según las propias palabras de los y las que la animan- desconfía de los rótulos, se des-rotula a medida que avanza o desea), lo que nos convoca es siempre, intuyo, un pulso o un afecto central, un gesto más que una forma, una agitación cuyo centro inestable arremolina una celebración de esquirlas múltiples y diferentes: un imperativo de aventura.

Porque como suele decirse: más que presentaciones, estas son celebraciones. Y lo que se celebra es, cada vez, la asunción de la poesía, del pensamiento, de la percepción y de la acción como esta “aventura” que insiste más allá del ser y del parecer, más acá del pasado, del presente y del futuro; que compone, en palabras de Reynaldo Jiménez: “un espacio post… post pre… hiper ultra no se sabe dónde”. Es esta aventura “fuera de Eje” la que nos reúne, desde hace tanto, a los y las que acá brindamos.

Con los que silban ese soplo entre las sílabas, me consta sin pruebas verificables aunque por medio de todo tipo de encuentros, y seguramente de memorias mágicas, que venimos teniendo esta conversación informal desde hace siglos. Es por eso que si todo esto estuviera dirigido exclusivamente a la constelación que atraviesa a Juana Ramírez, de seguro la telepatía hubiera sido más que suficiente. Porque hace tantos eones ya que esta constelación, a veces dispersa pero siempre resonante, cabalga y conspira, que cada vez parece más innecesario bajar al discurso lo que ya es algo así como una segunda naturaleza. Y conspirar no es cualquier palabra: co-inspirar, co-respirar, pirar juntos. Y se me ocurre que quizá también estemos conspirando desde hace siglos o eones con ustedes. Propongo, entonces, que esta noche, abriéndonos a cualquier tipo de  encuentro (de textos, de cuerpos y/o de incorporales), nos demos la oportunidad de averiguarlo. ¡Salud!   

 

                                                                                                                                                   Juan Salzano